Santi y Lina bajaron cargados con sus mochilas del viejo autobús tras rechinar éste sus ruedas con un brusco frenazo. Habían decidido visitar aquel apartado pueblo y ese fue el único medio de transporte que pudieron encontrar. Tras las amables indicaciones y sugerencias de su conductor, el viejo vehículo prosiguió su trayecto dejando tras de sí a la joven pareja y una nube de polvo.
Siguiendo los consejos de una buen amigo, habían decidido acampar en el bosque cercano al pueblo, pero antes realizaron una fugaz visita a la antigua iglesia y al monasterio derruido de las afueras. Al terminar, se dirigieron a la entrada del bosque cercano, donde un pastor cuidaba de sus ovejas. Al pasar por su lado, el pastor se fijó en la chica. Aunque Lina estaba un poco rellenita, tenía unos ojos azules intensos que contrastaban enormemente con sus mejillas sonrojadas y el gran número de pecas que poblaban su preciosa cara. El pastor les comenzó a hablar, haciendo que detuvieran su marcha.
- Buenas tardes. ¿Dónde van tan cargados? –Preguntó el lugareño.
- Buenas tardes. Vamos a acampar en el bosque. Nos han dicho que es muy bonito de noche. –Contestó un risueño Santi.
- ¿Bonito? ¿Qué tiene de bonito un bosque por la noche?
Tras la ruda respuesta, el pastor sacó de su bolsillo un paquete de tabaco y comenzó a encenderse un cigarrillo. La pareja se miro extrañada e hicieron ademán de continuar su paso sin más, cuando el pastor siguió hablando.
- Debéis tener cuidado, muchachos, ese bosque es un lugar encantado.
- Sí, eso nos han dicho. –Contestó riendo Lina.
- No es para hacer broma, niña. Hay una bruja en ese bosque. Ya ha habido otros como vosotros que han entrado y no han vuelto a salir.
- Muchas gracias por el aviso. Que pase una buena tarde. – Contestó Santi, agarrando a Lina por un brazo.
El chico tiró de su novia y ambos se alejaron hacia el interior del bosque mientras el pastor, que ignoró este hecho, daba fuertes y largas caladas a su cigarro. A Lina el comentario de aquel extraño hombre le había puesto un poco nerviosa. Santi intentó calmarla diciendo que no se trataba más que de un desequilibrado, cosa que empeoró esa sensación.
Mientras montaban la tienda de campaña, la sensación de Lina se esfumó. El lugar era una maravilla. Era un bosque frondoso de gran belleza y variedad de vegetación. Eligieron un pequeño claro donde crecían unas extrañas flores amarillas como lugar de acampada. Dado que el cielo estaba despejado y la temperatura era muy agradable podrían ver las estrellas tumbados junto a un fuego improvisado.
Encendieron el pequeño fuego, aun sabiendo que no estaba permitido, para hacer la velada mucho más bucólica. Tras un buen rato mirando estrellas y después de algunos ejercicios nocturnos, la pareja decidió irse a dormir. Al día siguiente les esperaba una larga caminata hasta un pequeño lago en la parte superior de la montaña.
- Santi, Santi. ¿Estás despierto?
- ¿Otra vez? ¿Es que no te cansas?
- No es eso.
Lina le hizo un gesto para que se callara y escuchase, pero por mucho que afinaba el oído no conseguía distinguir nada más que el canto de los grillos fuera de la tienda.
- NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA
Un chillido lejano muy agudo heló la sangre del joven. Era una mezcla de grito agónico y nota musical distorsionada. Un sonido inquietante que les dejaba claro que no se encontraban solos en ese bosque.
Acompañado por el compás de los latidos de su corazón intentando salírsele del pecho, Santi abrió poco a poco la tienda de campaña. Miró a un lado y a otro pero no vio nada raro o fuera de lugar. Únicamente la sensación de que el bosque, que horas antes les ofrecía aquellas maravillosas vistas, se había transformado en un lúgubre y siniestro lugar.
Quiso entonces convencerse a si mismo antes de hacerlo con Lina de que aquel ruido era producido por el viento en las ramas y se dispuso a cerrar de nuevo la tienda, aunque algo le detuvo. Agudizando la vista pudo ver entre la maleza frondosa del bosque algo que se movía en su interior. Haciendo un enorme esfuerzo, pudo ver la figura de una persona dando pequeños saltitos y levantando alternativamente una y otra pierna, como si de un baile absurdo se tratara.
- NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA, NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA, NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
“Joder”. Era la palabra que repetía una y otra vez Santi después de cerrar la tienda de campaña y alojarse acurrucado en la parte más alejada de la entrada. Lina comenzó entonces a llorar muerta de miedo, preguntándole a su novio si era el siniestro pastor quien estaba fuera asustándolos. En el bosque, se repetía el sonido de manera ininterrumpida, retumbando en cada rincón y cambiando de origen, como si la figura propietaria de esa voz cambiara de lugar con una rapidez sobrenatural.
Tras unos segundos que les parecieron siglos, finalmente la voz calló de manera tajante. Permanecieron inmovilizados un instante hasta que Lina le propuso a Santi volver a mirar fuera de la tienda.
- ¡Y una mierda! ¡Yo no salgo ahí afuera!
- No seas “nenaza”.
Muy lentamente, la cremallera de la entrada de la tienda bajó dando paso a un par de cabecitas asustadizas asomando miedosamente. Cuando la entrada estuvo abierta por completo, se relajaron un poco al no ver nada raro y asomaron medio cuerpo fuera para ampliar su radio de visión.
- JSISIISSSSSSSSS
El ruido de un rasguño se escuchó a sus espaldas. Algo que les hizo girarse rápidamente y fijar su vista en la parte más interior de la tienda. Sus ojos se abrieron como platos al ver que la lona estaba rasgada con un agujero de unos veinticinco centímetros del cual asomaba la horrible cara de una mujer, sonriendo de una forma diabólica. Su cara, de una piel verdosa, estaba repleta de arrugas, y una horrible verruga negra, adornada con diminutos pelillos, coronaba una gran nariz aguileña.
- NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA
A Lina le costaba horrores seguir el paso de Santi, que corría como un poseso y se paraba de tanto en tanto a esperar a su novia. Más por el miedo a quedarse solo en aquel bosque infernal que por dejar tirada a su pareja. Entre sollozos y jadeos de cansancio, la chica alternaba reproches y lamentos.
- ¿Qué vamos a hacer? Nos hemos perdido.
- ¡No nos hemos perdido! ¡El pueblo tiene que estar un poco más adelante!
“NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA”. El grito de la mujer sonaba a sus espaldas, recordándoles que alguien siniestro estaba a su acecho sin permitirles descansar ni un instante.
Al llegar a un claro, pudieron ver al otro lado de un riachuelo una pequeña casa. En su interior se veía luz y de su chimenea salía humo. Una visión gratamente acogedora, sobre todo teniendo en cuenta el frio intenso que se había apoderado de la noche. Estaban salvados.
Corrieron los pocos metros que les separaba de la casa y llamaron a la puerta, no dejando de mirar atrás. Tras varios intentos, les venció la impaciencia y giraron el pomo de la puerta, entrando en su interior.
Si al ver la casa de lejos pensaron que era su salvación, al ver el interior se convencieron plenamente de ello. El lugar era todo lo acogedor que una casa en medio del bosque puede ser. El fuego de una enorme chimenea y una decoración rustica de muy buen gusto les apaciguó por completo. Cerraron el cerrojo y se calentaron al fuego en el que hervía un guiso dentro de una pequeña cacerola.
La mesa del centro estaba puesta para un único comensal. El aroma de aquel estupendo guiso se había incrustado en las fosas nasales de Santi, que no pudo evitar servirse una cucharada de aquel manjar en el único plato que vestía la mesa.
- ¿Pero qué haces? –Le recriminó Lina.
- Esto está delicioso. ¿Quieres pro…?
Antes de dar la segunda cucharada y de acabar la frase, el chico cayó fulminado en el suelo bajo los efectos de un intenso sueño.
La presión en manos y piernas no fue lo que le despertó. Ni tan solo se pudo parar a pensar en porque estaba atado bocabajo colgado como un jamón en mitad de la estancia principal de la casa y dando giros lentamente. Fueron los horribles gritos de un cerdo en plena matanza los que le despertaron de su letargo.
Aunque eso solo fue lo que pensó en un primer momento, ya que al girar su cuerpo pudo ver como su rolliza novia, atada de pies y manos, hervía viva en una gigantesca olla en la chimenea. El condimento de aquel guiso, asomaba alternativamente su cabeza intentando no ahogarse al tiempo que su piel se cocía a fuego lento. Aquella cacerola daba a entender la función real de una chimenea de dimensiones tan particulares.
- NYAAAAAJJAAAAAAAAA.
La horrible cara de aquella mujer estaba ahora a escasos centímetros de la cara de Santi riendo sonoramente. Con sus largos y tétricos dedos, cogía la cara de Santi evitando que dejase de dar vueltas y poder así hablarle directamente.
- Tu amiguita está en su punto, pero a ti aun hace falta cebarte un poco. – Dijo finalmente con una voz tan desagradable que desquiciaría a un sordo.
- ¡Noooo! ¡No me coma!
Santi lloró entonces desconsoladamente viendo el fatal desenlace de lo que tendría que haber sido una idílica excursión. Sus lágrimas acompañaban al orín ,que no había podido retener de puro terror, surcando su frente y chapoteando gota a gota en el charco que se había formado bajo su cabeza.
- Por…. Por favor… no me coma… no me coma… haré lo que me pida, pero no me coma…
Muy lejos de aquel lugar, unos días más tarde, una mano descolgaba un teléfono y marcaba un número de bastantes más cifras que las de un número particular. Su dueña, una empleada de servicios de limpieza en paro, llamaba para pedir consejo. Su situación laboral unida al mantenimiento de dos niños pequeños era ya insostenible y su desesperación le hizo creer en un absurdo anuncio de un periódico local. Después de un par de tonos, escuchó la voz de un joven.
- Tarot La Bruja Maruja. Le atiende Santi. ¿Qué desea saber de su futuro?
Siguiendo los consejos de una buen amigo, habían decidido acampar en el bosque cercano al pueblo, pero antes realizaron una fugaz visita a la antigua iglesia y al monasterio derruido de las afueras. Al terminar, se dirigieron a la entrada del bosque cercano, donde un pastor cuidaba de sus ovejas. Al pasar por su lado, el pastor se fijó en la chica. Aunque Lina estaba un poco rellenita, tenía unos ojos azules intensos que contrastaban enormemente con sus mejillas sonrojadas y el gran número de pecas que poblaban su preciosa cara. El pastor les comenzó a hablar, haciendo que detuvieran su marcha.
- Buenas tardes. ¿Dónde van tan cargados? –Preguntó el lugareño.
- Buenas tardes. Vamos a acampar en el bosque. Nos han dicho que es muy bonito de noche. –Contestó un risueño Santi.
- ¿Bonito? ¿Qué tiene de bonito un bosque por la noche?
Tras la ruda respuesta, el pastor sacó de su bolsillo un paquete de tabaco y comenzó a encenderse un cigarrillo. La pareja se miro extrañada e hicieron ademán de continuar su paso sin más, cuando el pastor siguió hablando.
- Debéis tener cuidado, muchachos, ese bosque es un lugar encantado.
- Sí, eso nos han dicho. –Contestó riendo Lina.
- No es para hacer broma, niña. Hay una bruja en ese bosque. Ya ha habido otros como vosotros que han entrado y no han vuelto a salir.
- Muchas gracias por el aviso. Que pase una buena tarde. – Contestó Santi, agarrando a Lina por un brazo.
El chico tiró de su novia y ambos se alejaron hacia el interior del bosque mientras el pastor, que ignoró este hecho, daba fuertes y largas caladas a su cigarro. A Lina el comentario de aquel extraño hombre le había puesto un poco nerviosa. Santi intentó calmarla diciendo que no se trataba más que de un desequilibrado, cosa que empeoró esa sensación.
Mientras montaban la tienda de campaña, la sensación de Lina se esfumó. El lugar era una maravilla. Era un bosque frondoso de gran belleza y variedad de vegetación. Eligieron un pequeño claro donde crecían unas extrañas flores amarillas como lugar de acampada. Dado que el cielo estaba despejado y la temperatura era muy agradable podrían ver las estrellas tumbados junto a un fuego improvisado.
Encendieron el pequeño fuego, aun sabiendo que no estaba permitido, para hacer la velada mucho más bucólica. Tras un buen rato mirando estrellas y después de algunos ejercicios nocturnos, la pareja decidió irse a dormir. Al día siguiente les esperaba una larga caminata hasta un pequeño lago en la parte superior de la montaña.
- Santi, Santi. ¿Estás despierto?
- ¿Otra vez? ¿Es que no te cansas?
- No es eso.
Lina le hizo un gesto para que se callara y escuchase, pero por mucho que afinaba el oído no conseguía distinguir nada más que el canto de los grillos fuera de la tienda.
- NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA
Un chillido lejano muy agudo heló la sangre del joven. Era una mezcla de grito agónico y nota musical distorsionada. Un sonido inquietante que les dejaba claro que no se encontraban solos en ese bosque.
Acompañado por el compás de los latidos de su corazón intentando salírsele del pecho, Santi abrió poco a poco la tienda de campaña. Miró a un lado y a otro pero no vio nada raro o fuera de lugar. Únicamente la sensación de que el bosque, que horas antes les ofrecía aquellas maravillosas vistas, se había transformado en un lúgubre y siniestro lugar.
Quiso entonces convencerse a si mismo antes de hacerlo con Lina de que aquel ruido era producido por el viento en las ramas y se dispuso a cerrar de nuevo la tienda, aunque algo le detuvo. Agudizando la vista pudo ver entre la maleza frondosa del bosque algo que se movía en su interior. Haciendo un enorme esfuerzo, pudo ver la figura de una persona dando pequeños saltitos y levantando alternativamente una y otra pierna, como si de un baile absurdo se tratara.
- NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA, NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA, NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
“Joder”. Era la palabra que repetía una y otra vez Santi después de cerrar la tienda de campaña y alojarse acurrucado en la parte más alejada de la entrada. Lina comenzó entonces a llorar muerta de miedo, preguntándole a su novio si era el siniestro pastor quien estaba fuera asustándolos. En el bosque, se repetía el sonido de manera ininterrumpida, retumbando en cada rincón y cambiando de origen, como si la figura propietaria de esa voz cambiara de lugar con una rapidez sobrenatural.
Tras unos segundos que les parecieron siglos, finalmente la voz calló de manera tajante. Permanecieron inmovilizados un instante hasta que Lina le propuso a Santi volver a mirar fuera de la tienda.
- ¡Y una mierda! ¡Yo no salgo ahí afuera!
- No seas “nenaza”.
Muy lentamente, la cremallera de la entrada de la tienda bajó dando paso a un par de cabecitas asustadizas asomando miedosamente. Cuando la entrada estuvo abierta por completo, se relajaron un poco al no ver nada raro y asomaron medio cuerpo fuera para ampliar su radio de visión.
- JSISIISSSSSSSSS
El ruido de un rasguño se escuchó a sus espaldas. Algo que les hizo girarse rápidamente y fijar su vista en la parte más interior de la tienda. Sus ojos se abrieron como platos al ver que la lona estaba rasgada con un agujero de unos veinticinco centímetros del cual asomaba la horrible cara de una mujer, sonriendo de una forma diabólica. Su cara, de una piel verdosa, estaba repleta de arrugas, y una horrible verruga negra, adornada con diminutos pelillos, coronaba una gran nariz aguileña.
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A Lina le costaba horrores seguir el paso de Santi, que corría como un poseso y se paraba de tanto en tanto a esperar a su novia. Más por el miedo a quedarse solo en aquel bosque infernal que por dejar tirada a su pareja. Entre sollozos y jadeos de cansancio, la chica alternaba reproches y lamentos.
- ¿Qué vamos a hacer? Nos hemos perdido.
- ¡No nos hemos perdido! ¡El pueblo tiene que estar un poco más adelante!
“NYIIIIIAAAAJJAAAAAAAAAAAAAAAAAA”. El grito de la mujer sonaba a sus espaldas, recordándoles que alguien siniestro estaba a su acecho sin permitirles descansar ni un instante.
Al llegar a un claro, pudieron ver al otro lado de un riachuelo una pequeña casa. En su interior se veía luz y de su chimenea salía humo. Una visión gratamente acogedora, sobre todo teniendo en cuenta el frio intenso que se había apoderado de la noche. Estaban salvados.
Corrieron los pocos metros que les separaba de la casa y llamaron a la puerta, no dejando de mirar atrás. Tras varios intentos, les venció la impaciencia y giraron el pomo de la puerta, entrando en su interior.
Si al ver la casa de lejos pensaron que era su salvación, al ver el interior se convencieron plenamente de ello. El lugar era todo lo acogedor que una casa en medio del bosque puede ser. El fuego de una enorme chimenea y una decoración rustica de muy buen gusto les apaciguó por completo. Cerraron el cerrojo y se calentaron al fuego en el que hervía un guiso dentro de una pequeña cacerola.
La mesa del centro estaba puesta para un único comensal. El aroma de aquel estupendo guiso se había incrustado en las fosas nasales de Santi, que no pudo evitar servirse una cucharada de aquel manjar en el único plato que vestía la mesa.
- ¿Pero qué haces? –Le recriminó Lina.
- Esto está delicioso. ¿Quieres pro…?
Antes de dar la segunda cucharada y de acabar la frase, el chico cayó fulminado en el suelo bajo los efectos de un intenso sueño.
La presión en manos y piernas no fue lo que le despertó. Ni tan solo se pudo parar a pensar en porque estaba atado bocabajo colgado como un jamón en mitad de la estancia principal de la casa y dando giros lentamente. Fueron los horribles gritos de un cerdo en plena matanza los que le despertaron de su letargo.
Aunque eso solo fue lo que pensó en un primer momento, ya que al girar su cuerpo pudo ver como su rolliza novia, atada de pies y manos, hervía viva en una gigantesca olla en la chimenea. El condimento de aquel guiso, asomaba alternativamente su cabeza intentando no ahogarse al tiempo que su piel se cocía a fuego lento. Aquella cacerola daba a entender la función real de una chimenea de dimensiones tan particulares.
- NYAAAAAJJAAAAAAAAA.
La horrible cara de aquella mujer estaba ahora a escasos centímetros de la cara de Santi riendo sonoramente. Con sus largos y tétricos dedos, cogía la cara de Santi evitando que dejase de dar vueltas y poder así hablarle directamente.
- Tu amiguita está en su punto, pero a ti aun hace falta cebarte un poco. – Dijo finalmente con una voz tan desagradable que desquiciaría a un sordo.
- ¡Noooo! ¡No me coma!
Santi lloró entonces desconsoladamente viendo el fatal desenlace de lo que tendría que haber sido una idílica excursión. Sus lágrimas acompañaban al orín ,que no había podido retener de puro terror, surcando su frente y chapoteando gota a gota en el charco que se había formado bajo su cabeza.
- Por…. Por favor… no me coma… no me coma… haré lo que me pida, pero no me coma…
Muy lejos de aquel lugar, unos días más tarde, una mano descolgaba un teléfono y marcaba un número de bastantes más cifras que las de un número particular. Su dueña, una empleada de servicios de limpieza en paro, llamaba para pedir consejo. Su situación laboral unida al mantenimiento de dos niños pequeños era ya insostenible y su desesperación le hizo creer en un absurdo anuncio de un periódico local. Después de un par de tonos, escuchó la voz de un joven.
- Tarot La Bruja Maruja. Le atiende Santi. ¿Qué desea saber de su futuro?
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Este no me ha gustado mucho… Para cuándo un carroñeros?
Me ha parecido divertido, sobre todo el final. Me ha gustado.
Carmen